jueves, 30 de mayo de 2013

¿Donde mirar para ver...?


Una de las cuestiones que podemos leer cuando estudiamos el perfil de la persona con dislexia es: la enorme dificultad para ver sus éxitos y sin embargo, la gran facilidad para "encajar" sus fracasos. Pero hablemos de la primera parte.

Hoy tenemos otro bachiller más en casa, con dislexia, con muchas dificultades, pero con una fuerza y una inteligencia que ya quisiera yo para mí.

Ahora, ¿cómo ha sido ésto posible -podríamos pensar- siendo disléxico?, ¿dónde ponemos nuestra mirada para explicar el hecho de haber llegado?, ¿en los profesionales, maestros, profesores, psicólogos, etc. en el gabinete de atención que tanto ha hecho, en sus padres, en sus dfificultades y habilidades? Pues tenemos que poner la mirada en él y sólo en él.

Que ha recibido ayuda, me consta que si, pero, de igual manera o quizá con injusta intensidad, se le ha penalizado por su dislexia, Algunos profesores apostaron por él mientras otros simplemente ignoraron el problema o lo agrabaron. Los psicólogos, han hecho su papel, pero quizá hubiesen podido hacerlo de otro modo o influir más en los resultados. Ha habido una de cal y una de arena aunque al final ha sido un verdadero concreto lo que le ha permitido al chico llegar. Los padres, por supuesto, minimizando impactos, induciendo a aquello que consideran correcto, enfrentándose a la adversidad y siendo pacientes. Parecía que nos examinábamos nosotros cada vez, intentando no transmitir más que aquello positivo sobre el asunto.

Lágrimas, abrazos, consuelo, explicaciones, ánimos, y también esa pizca de picante, o de sal, que hace falta para que un plato sea sabroso, es decir, los padres también hemos generado tensión; la correcta. Creo.

Él. Hay que poner la mirada en él. Sangre... bueno sangre... en todo caso la que corre por sus venas pero, sudor y lágrimas ha habido muchas. Y una vez puesta la mirada en él veremos a su alrededor, a todos los demás para comprobar que pese a que lo han tratado como a un normolector, pese a tantas y tantas dificultades ha llegado al final, que no es más que el principio de otra cosa.

Antes de acabar, quiero, desde lo más profundo de mi corazón, agradecer a Concha esté donde esté, su confianza en mi hijo. Sirva de algún modo este comentario también como homenaje a esta mujer.

Siempre acabo llorando, joder...


2 comentarios:

Manuel dijo...

Ahora releo lo escrito y me parece algo tristón, y lo que siento es muy, muy festivo... pese a todo.

Soy feliz.

Anónimo dijo...

Ojalá estuviese Concha para poder disfrutar de este momento con ella. Has hecho que se me salten las lágrimas al recordarla.
María.