martes, 28 de mayo de 2013

La princesa Dislexia, o Lo que sugiere una foto.


Érase una vez, una pricesa que se encontraba recluida en lo alto de una torre, de un extraño castillo, sobre una escarpada montaña.

Algunos caballeros habían intentado rescatarla pero las dificultades eran muchas.

Un día, se presentó un caballero vecino del reino y pidió ser él, el caballero que liberase a la princesa.

Algunos desconfiaron porque no veían claras sus intenciones, otros eran indiferentes pues no eran sensibles a las artes del caballero, y otros con cierto interés lo apoyaron, no quedando del todo claro lo que el caballero realmente pretendía. Finalmente se realizó una votación entre los caballeros y los habitantes del lugar y salíó elegido.

Así pues, el caballero de las oscuras intenciones, con su espada, su lanza, su estandarte y su escudo en los que se podía ver un león amenazador se puso en marcha, y digo oscuras porque realmente lo que a él le interesaba no era tanto salvar a la princesa y hacer justicia, como el hecho de ser él el caballero que la salvase, cuestión ésta, que sólo compartía consigo mismo.

De camino al castillo se encontró con el hada de las circunstancias, la cual viendo lo oculto de su persona, con un toque de su varita mágica hizo que mostrase su verdadera imagen, apareciendo sobre un cuerpo deforme y descompensado otra cabeza, que surgía de entre los hombros junto a la del caballero.

Aquel ser, no obstante, después del encuentro con el hada prosiguió con su viaje y con sus objetivos, caminando hacia el castillo mientras las dos cabezas discutían, se amaban, cuchicheaban y se maltrataban, e incluso manoteaba consigo mismo como queriendo autoreprenderse de aquello que pensaba. Extraño caballero.

Al final de la historia nada se pudo hacer por salvar a la princesa de la torre, allí quedó Dislexia a la espera de su verdadero paladín, pero cuando el extraño caballero volvió al pueblo contando sus peripecias, todos, todos sin excepción pudieron ver su verdadera y extraña naturaleza.

Poco puedes esconder de ti mismo a los ojos del hada de las circunstancias. Al final siempre surge la realidad que llevamos dentro.

¡Qué triste!.


3 comentarios:

Manuel dijo...

No, no voy a corregir las faltas... y eso que he seguido todos los pasos que me aconsejó el elfo...

En la primera línea leo "pricesa"; me he comido algo ahí... pero que coño, lo repasé setenta veces.

También leo otra palabra con dos acentos... vaya como los franceses. Jajaja, pero así se va a quedar "salíó". Quizá sea revolucionario pero el que quiera entender que entienda. Me he dejado el alma escribiendo el cuento.

Quisiera decir que lo del león también ha sido rectificado porque en una primera instancia se trataba de un perro amenazador en lugar de un león. "Así, también aprovecho el encatamiento del hada de las circunstancias".

Bueno, para terminar quiero dar las gracias por la frescura y la gracia de algún comentario que me ha llegado. Y me ha llenado el alma de... más cuentos que contar.

jambo bwana dijo...

¡Cuéntalos, Manolo! ¡Lo que necesitamos son cuentos! Cuentos que quizás se interpreten de forma distinta a lo que quieres trasmitir, pero cuentos necesarios, al fin y al cabo.

Manuel dijo...

Me siento halagado Paco.